jueves, 30 de marzo de 2017

Ayer por la tarde

A primera hora de la tarde, vi que los árboles de al lado del Burgo estaban echando hojas. Sería la luz o algo, pero aquello era realmente bonito. Pensé: que la foto recoja algo de eso:









Y llegué a la «plaza dura» del Burgo. Al fondo estaban sentadas 5 señoras:


Me acerqué, pero me daba corte que lo notaran, así que enfoqué a la pintada. La puse aquí hace ya años. Está muy desvaída, la pobre: el hormigón (¡bien!) vence:


miércoles, 29 de marzo de 2017

Palabras de niños

Se me ocurrió un tema de investigación, estudiar palabras absurdas (mi preferida es «jamacuco»), como hechas por niños pero muy usadas; escribí unas cuantas pero al poco me eché atrás, al pensar en que algunos propondrían etimologías extrañas (fijaos lo ridículas que son las de «chimichurri»), otros harían sugerencias bizarras y lo peor es que habría gente que se emocionaría con el sonido de esas palabras en concreto, haciendo loas a la intraducibilidad: y yo soy del dogma contrario, puestos a insistir en algo, prefiero no convertir las lenguas en islotes.

En la lista tenía estas:
Chisgarabís.
Jamacuco (y relacionado con ella, yuyu)
Chimichurri
Tirabeque
Zaquizami
Garabato
Añado:
Mequetrefe
Me sugieren:
Chiribitas 

martes, 28 de marzo de 2017

Los feriantes

Consciente de mis limitaciones como «artista», incluso así me gustan estas fotos que saqué en septiembre, por las fiestas del Nazareno, en La Puebla del Caramiñal*.
Es un género muy productivo, el de las fotos de atracciones de feria, tan desoladoras:








lunes, 27 de marzo de 2017

Todos nuestros ayeres

Leí esta novela de Natalia Ginzburg por 1998, cuando estaba en Ciudad Real, después, creo, de Léxico familiar. Ahora la he releído, otra vez disfrutándola muchísimo, más todavía quizá. Son las dos obras de ella que más me gustan y esta vez he vuelto a comprobar lo estrechamente relacionadas que están: Léxico familiar es la novela de su familia, sin salirse un milímetro de los hechos, unas memorias en torno a las frases familiares. Esta novela, escrita antes, es su familia con otros nombres, con pequeños cambios: el padre de la novela es un misántropo que no trabaja, en vez del profesor industrioso que fue el suyo original, pero comparten el mal humor y sus puntos de desánimo. Su hermana mayor se llama aquí Concettina y se casa con un fascista, cuando su hermana Paola con quien se casó fue con uno de los Olivetti (los de las máquinas de escribir), antifascistas hasta la médula, pero los Olivetti son ahora los vecinos de enfrente de los protagonistas de la novela.

Esto os importará poco: Todos nuestros ayeres se sostiene sola, porque la verdad de los personajes es la misma, fuera de estos cambios circunstanciales. Su madre aparece aquí como una señora que vive en la casa y les echa una mano a los protagonistas, buena, preocupada por los detalles, aturullada, un desastre en realidad, pero a la que todos quieren. La madre real de Natalia Ginzburg es un espíritu libre, una madraza, de intereses múltiples y por eso aturullada. Yo, si tuviera tiempo, me pondría a hacer un estudio comparativo en detalle, pero no por hurgar o una supuesta erudición, sino para comprender mejor cómo hace Natalia Ginzburg para escribir tan de verdad, ya sea contando cosas de su familia en unas memorias, ya transformándolas en una novela.

Una de las claves creo que es el amor por los detalles o, mejor todavía, el amor por esos elementos mínimos que retratan a una persona.
La otra, el mirar a todos, familiares o personajes de una novela, con gran cariño, sin condenarlos nunca. Hay un personaje, Franz, judío, cobardica, dejado, que acaba siendo el héroe: lo vamos viendo y cuando ocurre eso, nos parece lógico,porque a pesar de todo siempre le tuvimos cariño.
Luego está Cenzo Rena, su criada, la Maschiana, Emanuele, la mujer del sargento, un montón de personajes admirables.

Léxico familiar siguió también el orden espacial de esta novela; de un lugar del norte (que no es Turín, pero como si lo fuera), a un pueblo de los Abruzzos y vuelta. El pueblo, san Costanzo, es inovidable. En un pueblo así estuvo confinada ella con su marido, un judío, Leone Ginzburg, que acabó muriendo a manos de los alemanes.

A mí me da envidia, además, porque me parece que es una novela a la que todos los italianos pueden acudir, tratando como trata de los años treinta y la guerra mundial y los años siguientes, tan traumáticos para Italia. En España no tenemos una novela así sobre la Guerra Civil, que trate con justicia a todos, sin caer en simplificaciones ni maniqueísmos.

Si yo me metiera en otros jardines además, vería esta novela como modelo de las escritas por una mujer: esos detalles verdaderos que encuentro en Safo, en mi recuerdo de los cuentos de Katherine Mansfield (tendría que releerla, a ver), en Jane Austen, en Flannery O'Connor.

viernes, 24 de marzo de 2017

Arte en pastillitas

Hay un género de interés creciente, al menos para mí: los vídeos breves de comentario de arte.

1. En El Prado hacen unos vídeos muy chulos, de comentario de cuadros, pero también de restauraciones. Por ejemplo este sobre la Sagrada Familia del pajarito, de Murillo:


O este busto de Augusto:





2. Otro que sigo es la National Gallery de Londres. Muy bien este sobre un impresionista australiano:



3. Luego está Smart history, con canal en youtube, dos historiadores del arte (con apoyos de instituciones importantes de USA) que comentan piezas. Os pongo por ejemplo esto sobre la Iglesia de Santa María Antiqua en el Foro Romano:



O echad un vistazo a estas lista de reproducción sobre obras de 1500 a 1600:

jueves, 23 de marzo de 2017

Vamos a contar mentiras

Cuando escribí sobre Sólo hechos, el último volumen de los Diarios de Andrés Trapiello, no quise entrar a algo que cuenta de una cena en Valladolid («la ciudad de la simpatía») en la que un tal JC habla por los codos de todo tipo de historias personales, y parece que con gran facundia. Es comparado allí con Heródoto y a fe que así es: Plutarco escribió un tratadito titulado «Sobre la malignidad de Heródoto» y ya antes Aristóteles lo metía en el saco de los de no muy de fiar como historiadores. Pero Heródoto es muy entretenido.

Pues en esa cena JC contó que había descubierto, navegando en los primeros tiempos de internet («que entonces. recordó, se llamaba eternet»), una web ultrasecreta de la Obra, en la que estaban, negro sobre blanco, un montón de conspiraciones. Lo mejor de todo es cómo descubrió la contraseña: puso «escrivadebalaguer» y ¡bingo! Descubrió ahí por ejemplo que uno de los jefazos de Los 40 principales era de la Obra y la financiaba por esa vía (yo no habría podido pensar nada peor de que acusar a la Obra, pero ya se ve que JC sí). Bueno, pues siguió indagando y justo entonces a su padre, en tratamiento de cáncer, le trasladaron a una clínica de la Obra (me imagino que sería una clínica que montaron en Oviedo gente del Opus Dei) y aquí viene la super ida de olla de JC: le ofrecieron llevar a a USA a su padre, si hacía falta, pero en realidad era un chantaje para que él dejara de investigar tan peligrosos temas.

Qué, cómo os quedáis.

Yo me preguntaba quién sería ese mendaz JC, así que me metí (no os diré cómo, que es muy peligroso) «en el eternet», puse la contraseña -que ahora es dificilísima- y juntando el nombre de la catedrática de Literatura española de mal humor (y cuyo marido fumaba y comía a la vez) a "mesa redonda" y a "2006", bingo, salió esto (no lo probéis si no tenéis una conexión ultrasecreta: os puede matar un asesino albino).

Ah, ¿así que era Juan Cueto? Yo lo recordaba de columnista de El País. Volví a buscar en el archivo supersecreto y mira: aquí dice que «llegó a sospechar que su madre estaba en las garras del Opus Dei» (altamente improbable en los años 40 y además en Oviedo, pero bueno) y que más adelante descubrió que en España todo era una red secreta de quien os imagináis, el Opus Dei. En esta otra entrevista afirma que los Padres de la Constitución del 78 estaban manipulados por el Opus Dei. Y repite: «la transición no se desvió un milímetro de las palabras de monseñor Escrivá de Balaguer. Todas aquellas personas que formaban parte entonces de la España que decidía, pertenecieran o no al Opus, estaban manipulados por La Obra». Oh.

Juan Cueto fue un «creador de opinión» durante años y dirigió Canal Plus, Así es España, señores, dirigida por gente que se cree cosas así.

miércoles, 22 de marzo de 2017

El sauce llorón amputado

Ahora que vuelvo a ser pobre, sin imágenes de Viena de las que tirar, me tengo que agarrar a lo que tengo, por ejemplo a la podadura expresionista del sauce llorón de camino al Auditorio. Antes, remojaba sus lánguidas ramas en el agua, ahora debe de llorar de vergüenza, el pobre, todo corito, todo muñones:







Me recuerda a eso del cipres de Silos que ahora me parece tan ridículo, lo de «que acongojas el cielo con tu lanza», pero en más chusco todavía.